• Machos y hembras.

    From Rafael Suarez@2:341/14 to Todos on Tue Aug 24 11:25:24 2010
    ­Hola Todos!

    VUESTRO SEXO, HIJOS MÖOS
    La constante de superioridad masculina

    Por Remedios Morales

    Queridos copulantes: Ernest¡n era un ni¤o estomagante, pero muy varonil, que manejaba con destreza el tirachinas y cada vez que se cargaba un p jaro se daba
    pu¤etazos en el pecho y vociferaba: "­Aqu¡ hay un macho, aqu¡ hay un macho!"

    A veces le surg¡a un diablo genial que llevaba dentro, como cuando fabric¢ una
    sillita el‚ctrica para ejecutar ciervos volantes. Ernest¡n me debe una peque¤a parte de su virilidad porque, como hab¡a llegado a la provecta edad de nueve a¤os sin saber silbar –arte en el que, modestamente, me considero una virtuosa–
    yo le ense¤‚, estando los dos en lo alto de un manzano ya que, por ser ni¤a, ten¡a que silbar en la clandestinidad.

    Ernest¡n me lo pag¢ echando pie a tierra e iniciando una danza india al grito de "te he visto las bragas, las tienes meadas". Las ni¤as en mi pueblo no usaban pantalones. Despu‚s de esquivar un mont¢n de manzanazos y con un nutrido
    grupo de pilletes solaz ndose bajo el  rbol, su vozarr¢n insist¡a: "Meadas y rosas". Los adultos apreciaban las proezas de Ernest¡n, le daban una moneda por
    cada p jaro muerto –as¡ estaban las cosas– y le re¡an las gracias. Me ha costado entender por qu‚ todo lo que hac¡an los Ernestines del mundo era loable
    y lo que hac¡a yo no. Ahora ya lo s‚. Eran machos.

    El et¢logo alem n Vitus B. Dr”scher escribe: "Los machos aut‚nticos, apenas llegaron al mundo como individuos independientes, supieron perfectamente c¢mo convertirse en amos, utilizando su mayor fuerza, mostr ndose m s agresivos y adoptando la actitud del se¤or... ‚sta era su £nica posibilidad de ascender a una posici¢n elevada a partir de su funci¢n vital como c¢nyuges. En los casos en que no han logrado ascender a este nivel, su destino de simples fecundadores
    ha sido muy triste".

    Cierto. Los machos de la mayor¡a de las especies se han abierto paso a codazos
    y ocupan m s sitio del que realmente les corresponder¡a por su utilidad. Por poner un ejemplo, el elefante macho adulto vive en solitario –salvo las escasas
    c¢pulas que realiza– consume grandes cantidades de comida y crece hasta el £ltimo d¡a de su vida, sin emplear un s¢lo minuto de su tiempo y sus recursos en ayudar a las hembras y a las cr¡as, que se mantienen alejadas de ‚l por su peligrosidad. Pues anda que los leones... Los machos de ciertas especies de insectos y ar cnidos que, despu‚s de la boda, sirven de alimento a su consorte,
    tienen, al menos, una humilde, pero £til, misi¢n: se entregan a s¡ mismos como dote a sus herederos pasando por el est¢mago de la madre.

    Y dice Dr”scher: "Un macho escapar¡a de su insignificancia vital conquistando,
    por la agresividad, un hueco en la especie, o explotando su papel como c¢nyuge y padre". ¨Qu‚ porcentaje de cada una de estas dos alternativas utilizan los hombres para abrirse paso y disfrutar su privilegiado puesto? Antes de ser humanos, nuestros machos ya se hab¡an hecho fuertes y no precisamente por su utilidad como padres y c¢nyuges. El gran dimorfismo sexual de nuestros ancestros no admite duda. Y ah¡ est  el macho orangut n, que pasa el noventa por ciento de su vida en soledad y no presta la menor ayuda a la hembra y a las
    cr¡as. Y el chimpanc‚ bonobo (a ver si sale bonobo y no bonob£s, como ya sucedi¢) hay que neutralizarlo con sexo porque se pone borde.

    Pero estas especies no son mon¢gamas y, en cambio, la nuestra, si no lo es, se
    comporta como tal y, cuando una especie necesita un macho para cada hembra, el precio de los machos se eleva. O sea, que la monogamia y la colaboraci¢n en la crianza sumar¡an un par de tantos para redimir a los machos. A menudo se aduce la defensa de las hembras y cr¡as como un destino biol¢gico importante asignado
    a los machos. Nada m s lejos de la realidad. Ellos se encargan de crear conflictos m s que de resolverlos.

    En nuestra especie, dado que no puede aislarse objetivamente ninguna caracter¡stica biol¢gica espec¡fica como argumento que justifique la superioridad masculina –si acaso, justificar¡a la igualdad– a los hombres no les queda m s remedio que hacer trampas. Y las hacen bien gordas. En todas las culturas es f cil detectar variables susceptibles de elevar el precio de los hombres por encima de su aut‚ntico valor biol¢gico y, por supuesto, por encima del de las mujeres.

    Para explicar la alta cotizaci¢n de los hombres se ha echado mano de un concepto nuevo. Se trata de un fen¢meno universal que se llama la constante de superioridad masculina, que corrige al alza el valor objetivo del macho humano.
    Consiste en un modelo que act£a mediante restricciones de naturaleza cultural o
    social, capaces de condicionar las actitudes de hombres y mujeres y tambi‚n de predeterminar, en buena medida, sus comportamientos.

    Mucho antes de que se hablara de la constante de superioridad masculina, Margaret Mead ya hab¡a explicado por qu‚ todas las sociedades pretenden conservar el estatus del conjunto de los hombres por encima del de las mujeres,
    y la forma en que lo consiguen. Ella cre¡a que el problema permanente de la civilizaci¢n consiste en definir satisfactoriamente el papel del macho de forma
    que pueda, en el curso de su vida, alcanzar un irreversible y s¢lido sentimiento de ‚xito que pueda parecerse al ‚xito, naturalmente f cil, que obtiene la mujer con la maternidad. En su libro Masculino y Femenino la antrop¢loga lo expresa as¡: "En todas las sociedades humanas conocidas, es posible percibir la necesidad del macho de conseguir el triunfo. Los hombres pueden cocinar, tejer, vestir mu¤ecas, o cazar el ave del para¡so; si tales actividades les son reservadas a ellos, entonces la sociedad entera, lo mismo los hombres que las mujeres, las consideran importantes. Cuando las mismas ocupaciones son realizadas por mujeres, son consideradas menos importantes".

    Evelyne Sullerot describe tambi‚n el fen¢meno de la constante de superioridad masculina en la l¡nea de Margaret Mead: "Hasta ahora se ha observado que, cualesquiera que fuesen las funciones cumplidas por las mujeres, cualquiera que
    fuese la importancia esencial que tuviesen para la especie y la sociedad en que
    viv¡an, las sociedades las miraron, no como despreciables, pero s¡ como secundarias en comparaci¢n con las funciones cumplidas por los hombres... sin duda porque estas sociedades est n totalmente impregnadas todav¡a de las concepciones de la superioridad masculina heredadas de la sociedad tradicional". Pero Sullerot a¤ade algo muy interesante: "¨Y no se deber  tambi‚n a la imposibilidad relativa en que se encuentran las mujeres de explotar sus propios roles en t‚rminos de poder, como hacen los hombres?..
    Desde luego las mujeres podr¡an negociar mejor los roles cuya exclusividad abandonan para compartirlos con los hombres y aquellos otros cuya exclusividad les resta... pero, para tomar ese camino necesitar¡an obedecer a un modelo masculino de conquista por la agresividad. Y perder, en consecuencia, su especificidad".

    Yo hubiera perdido mi especificidad si le hubiera rebanado las pelotas a Ernest¡n.

    Saludos
    Rafael
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  • From Enric Lleal Serra@2:343/107.1 to Rafael Suarez on Wed Sep 8 13:41:48 2010
    ­Hola Rafael!

    El Martes 24 Agosto 2010 a las 11:25, Rafael Suarez escribió a Todos:

    cargaba un pájaro se daba puñetazos en el pecho y vociferaba: "¡Aquí
    hay un macho, aquí hay un macho!"

    Muy buena la historia (y el texto). :-) Pero desde que se constató poco después
    de la época de las cavernas que el más macho no tenía que ser el que tuviera más poder y, por tanto, el que tuviera a las mujeres, la línea divisoria entre hombres y mujeres se diluyó... Si bien socialmente la mujer siempre ha estado castigada para estar un paso atrás del hombre, bien es sabido que algunas féminas han usado sus aptitudes sexuales para eliminar ésas diferencias y someter a hombres machísimos y a hombres poderosísimos. :-)))

    Pero éso ya sería otra historia un poco alejada de la que has pegado aquí. ;-)


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    A reveure!!
    Enric
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